México y España continúan sin querer compartir la Historia

A 200 años de la independencia del país y 500 de la caída de Tenochtitlan, quizás sólo el Papa quiere dar paz a la cuestión de México. El mea culpa del Papa Francisco por lo que sucedió en la época de los conquistadores españoles (“los pecados personales y sociales, las acciones u omisiones que no han contribuido a la evangelización… Celebrar la independencia es afirmar la libertad, y la libertad es un don y una conquista permanente. Por eso me uno a la alegría de esta celebración”) es al mismo tiempo “el deseo que este aniversario tan especial sea una ocasión propicia para fortalecer las raíces y reafirmar los valores que la construyen como Nación”.

Palabras santas sobre una materia viva aún: a las palabras del Papa respondió la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que viajaba a los Estados Unidos, que definió las disculpas “sorprendentes”. Aunque la Historia nos diga que hay tales culpas: sólo en 1537 una burbuja papal prohibió finalmente la esclavitud de los indios para decretar que los indios eran realmente seres humanos.

Quizás la polémica debía detenerse aquí, pero sucedió todo lo contrario. El Presidente mexicano, Manuel Lopez Obrador, intentó ya desde 2019 con un papel a Felipe VI a “superar en forma definitiva los desencuentros, los rencores, las culpas y los reproches que la historia ha colocado entre los pueblos de España y de México, sin ignorar ni omitir las ilegalidades y los crímenes que los provocaron”. Obvia la reacción de la Corona que “con firmeza” respondió a lo contrario. 

Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de Ciudad de México, subió entonces en defensa de Obrador y de sus últimas declaraciones en las que pedía aún un mea culpa a los españoles. Fuertes declaraciones contra el exjefe del Ejecutivo español José María Aznar, “racista” contra el “humanista” Obrador. Ayuso había dicho que “el indigenismo es el nuevo comunismo”. Aznar se burló del presidente mexicano: “Pero usted ¿cómo se llama? Andrés Manuel López Obrador. Andrés por parte de los aztecas, Manuel por parte de los mayas, López es una mezcla de aztecas y mayas… Y Obrador, de Santander”. Es casi una pelea. 

Y mientras tanto España no participa en los actos del Bicentenario de la Independencia de México porque “no hemos recibido invitaciones oficiales”, quizás para no suscitar más polémicas. Pero la política, basta con estos feroces intercambios de bromas, se está radicalizando. Y el Papa a veces aparece el único iluminado en una habitación de complejas y nunca resueltas tinieblas.

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