Oda al humo (mientras podamos)

Los once cigarrillos y medio (datos del Ministerio de Sanidad) que uno de cada cuatro italianos fuma están en peligro de extinción. Es decir, volverse inservible. Porque si es verdad lo que hemos leído y que está contenido en un proyecto de ley, en Italia no se podrá fumar ni siquiera fuera de los restaurantes y tampoco en las paradas de los autobuses y en los parques si cerca hay menores o mujeres embarazadas (sobre cómo identificar las dos categorías, nos dirán).

Al aplicar las mismas medidas, Suecia ha alcanzado la tasa más baja de fumadores en Europa. En España lo han hecho en seis Regiones Autónomas y desde hace dos años nadie enciende cigarrillos en la mayoría de las playas. En Nueva Zelanda han aprobado una ley que prohíbe fumar a las nuevas generaciones: los menores de 16 años no podrán hacerlo durante toda su vida.

Sin embargo, como decía el inolvidable presidente italiano Sandro Pertini, que tenía una pipa siempre en la boca, “de los fumadores se puede aprender la tolerancia. Nunca un fumador ha sido intolerante contra un no fumador”.

Esperemos que no supriman también las películas en las que aparece un cigarrillo porque así abolirían el cine. Lo mismo vale para la literatura, donde es difícil encontrar un autor que no tenga en sus manos la preciosa reliquia.

Esta nueva iniciativa de las sufragistas mundiales puede beneficiar a las cuentas de salud pública, pero nos quita la libertad de hacer lo que queramos. Desde hace años (pandemia, guerra, etc.) solo tenemos que respetar una montaña de prohibiciones. Derechos, pocos o nada. Nos quitan el cigarrillo de las manos y ni siquiera nos explican por qué.

El siguiente paso quizás sea decirnos cuántas veces a la semana se puede hacer el amor, qué comer (Europa nos está coqueteando con las etiquetas de colores en los envases), qué beber y sobre todo, tememos, en qué marcas debemos confiar y en cuáles no. E

n caso de duda, esta mañana compro dos paquetes de Marlboro en vez de uno. Y es verosímil, no teniendo menores por casa o mujeres embarazadas, y no teniendo que encontrar hoy a los habituales megalomanos que que por desgracia forman parte de nuestra vida cotidiana, que que los fumaré a los dos con gran satisfacción.

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