Bienvenida oscuridad, la oscuridad supuesta del pánico que según alguna agencia de noticias nos habría llevado a todos, así comprometidos a garantizar nuestra supervivencia en este mundo a través de pilas y antorchas y botellas de gas para cocinas de camping para un apagón que no vendrá, y la verdadera oscuridad de nuestros milenarios miedos nunca domados. Vendrá o no vendrá, el gran apagón está ahora en nosotros, repintado sólo de modernidad. Desconectarán o no la luz, el apagón de la precariedad, la incomodidad y el pensamiento roto, ha entrado en nosotros todos.

Nos encontramos con esta oscuridad como personas perseguidas (desde los tiempos, las pandemias, las crisis económicas y sociales). Es el triunfo de la banalidad del mal, como escribía Hannah Arendt, pero el relatado era el juicio a un criminal nazi, Adolf Eichmann, no la dependencia civil y cultural de un interruptor de la luz. Dijo Friedrich Nietzsche que cuando se mira demasiado tiempo en el abismo, es el abismo el que mira dentro de nosotros. Bueno, bienvenida sea esta oscuridad, si se manifestará o no, si al menos nos hará reflexionar sobre nuestra condición de perseguidos. Hoy como entonces, la historia se repite, con sus mentiras que sólo nosotros podemos iluminar y desenmascarar.

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