Las colas ardientes de la desolación

Seis mil personas evacuadas. El muro de lava que con sus ríos ardientes e implacables sumerge todo, casas, casi doscientos, naturaleza, bienes y recuerdos: porque en Todoque, por ejemplo, el municipio más afectado de Los Llanos, nada será como antes. El fuego del apocalipsis trata de ganarse el camino más rápido hacia el mar, dejando en el camino la muerte y la desolación, y anunciando los fuegos artificiales de las explosiones nocivas que habrá apenas las estelas de lava tocarán el mar.

Por suerte no hubo víctimas hasta ahora, pero la naturaleza ha querido, cincuenta años después de la última erupción en Canarias, rediseñar el futuro de toda la zona. El magma asciende incluso, en algunos puntos, a doce metros de altura y la Cumbre Vieja todavía no da signos de cansancio. Cuatrocientas hectáreas de terreno seran destruidas. La lava se come casas rurales, villas, piscinas, bosques, calles, con una sencillez desarmante. Parece que no tiene prisa. Con sus colas ardientes siembra impotencia, como si fuera el fin del mundo.

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