Arrimarse al sol que más calienta

Pocos han tenido el coraje, en este caso que recuerda más una caza de brujas de la época de la Inquisición que una dialéctica política, de subrayar que las tropas PP estaban listas – cualquier cosa Pablo Casado hubiera dicho – a quemar al líder de los Populares. Que, si no nos equivocamos, fue puesto al mando de la formación política por una elección regular. Casado cometió sus errores políticos, pero denunció un supuesto caso de corrupción dentro de su partido. No nos interesa la cuestión judicial, en este momento, ni por la verdad parece interesar mucho a los dirigentes y administradores del PP.

Lo que nos asombra, por decirlo suavemente, es la rapidez con la que los barones han querido poner fuera de juego al líder (y con la que probablemente querrán entregarse, llaves en la mano, a Vox), sin debates, o sería mejor decir procesos. Que había resentimiento por parte de algunos, era obvio. Pero una uniformidad tan tajante y rencorosa no nos la esperábamos. En sólo dos días Casado tuvo que aceptar un Congreso Extraordinario del Partido (2 y 3 de abril) y una patada en las espinillas para que se dimita no mañana o martes sino inmediatamente, dando lugar y vía libre a Feijóo (que, de hecho, frente a esta tormenta, todavía no ha hecho saber si va a presentarse). 

¡Fuera, fuera, fuera indigno! Pero ¿cómo, el enfant prodige, el líder que habéis venerado hasta hoy? Casado sólo debe alegrarse de que finalmente ha descubierto la verdad. Y hay que reconocerle una salida de escena decorosa, que no es de todos. Serán otros los que entregarán el partido – moderado, liberal, de inspiración conservadora – a los impulsos populistas y antihistóricos de otros.

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