Así trabajaban las almadrabas en Sicilia

La almadraba de Vendicari, también llamada de Bafutu, nació durante el siglo XVIII, debido al gran aumento que en Sicilia se había producido en la concesión de la almadraba. Fue una almadraba de vuelta, es decir, que, colocadas a lo largo de las costas orientales y meridionales de Sicilia, capturaban los atunes, después de que éstos, pasada la temporada de los amores, iban hacia el mar. El último rais de la almadraba, Orazio Caldarella, llamado Struneddu, nacido en Avola en 1898, contaba que desde principios de mayo hasta el 15 de septiembre los pescadores se establecían en Vendicari con sus familias.

El edificio en tierra de la almadraba de túnidos comprendía, además de un patio separado de la torre por un muro perimetral, la fábrica para la elaboración del atún, el almacén, las viviendas. En ellas se alojaban las mujeres y los hombres que trabajaban el atún para el enlatado. Se recogían 700-800 atunes con el procedimiento típico utilizado en las almadrabas sicilianas y la fase final del sacrificio. También en Vendicari, como en otras partes, el fatigoso ritmo de trabajo se caía del canto típico de la cialòma con el verso de Ajamòla y las invocaciones a los santos.

Un santo que, según el Caldarella, invocaban particularmente era San Pipenu, que ciertamente corresponde, en la corrupción dialectal, al protector de las almadrabas sicilianas Sant’Agapeno. El atún capturado era llevado a balata con las mucilares y las cortezas. En tierra firme se trabajaba en el interior de la fábrica propiedad de la misma familia Modica. Había cortadores especializados que venían de Cerdeña. También había cocineros que venían de Génova. La presencia de ligures en la almadraba era entonces frecuente. El atún se cocinaba en calderas especiales dentro de la fábrica, cuya chimenea aún hoy se encuentra intacta en el cielo.

Después de la cocción, el atún era extraído de las calderas con unas paletas especiales y se ponía a secar durante 24 horas sobre bancos especiales, con los bordes de mesa y el fondo de cañas trenzadas con mallas anchas, para que el agua se cayera fácilmente. En este trabajo, realizado siempre al cierre de la fábrica, se empleaban diez mujeres. Las mismas mujeres luego ponían el atún bien seco en cajas metálicas de cinco y diez kilogramos, que luego, selladas, eran puestas en el mercado. Ni que decir tiene, la sal necesaria para la operación la empresa Modica la sacaba de su salina, anexa a la fábrica.

La almadraba de Vendicari cesó su actividad en 1943 por diversas razones: el paso irregular de los atunes, la pesca indiscriminada con redes de arrastre de fondo, la fuerte concentración de almadrabas entre Avola y Capopassero, las crecientes dificultades para encontrar una mano de obra dispuesta al trabajo duro de la almadraba en régimen casi de aislamiento, a pesar del aumento de la paga, la contaminación química de las aguas marinas y, por último, la pesca del atún con técnicas de alta mar muy modernas por parte de los japoneses con sus almadrabas voladoras y sus barcos frigoríficos. Hoy quedan las ruinas destruidas del establecimiento con sus cien metros de largo, los pilares que sostenían su techo, y la chimenea altísima que domina el silencio del lugar.

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