Adiós Tomas, maestro de periodismo

Querido Tomás Balbontín de Arce, es una pena que no nos hayamos conocido. Porque la elegancia es la única belleza que nunca agota. Porque tu pluma siempre ha sido elegante. Porque sólo un jugador de primera clase, alguien entregado al periodismo como tú, podía titular su columna “Los lunes al sol” y su último artículo “Tiempo de mudanzas”. Es una especie de intuición que nos hace periodistas. Advertir a todo, ya sea que tengamos que irnos, tarde o temprano. Pero escribiendo un artículo, un artículo increíble como hiciste en tu amado ABC justo antes de saludar a todos. Todos me han hablado de tu devoción al oficio y por eso has sido reconocido – no por premios o títulos particulares sino por el trabajo diario – como uno de los maestros del periodismo sevillano.

Mi maestro, Silvano Rizza, ex director del italiano Il Messaggero, me repetía hasta el cansancio que “con aquel periódico en el que escribiste y que hueles por la mañana, a las tres de la tarde encadenan las alcachofas al mercado”. Lo digo porque estoy seguro de que habrías compartido esta frase, que es amor ilimitado por la profesión e invitación a la humildad. Como me informa ABC, que ha escrito un artículo conmovedor esta vez sobre ti, has estudiado Periodismo en Madrid y has sido jefe de la sección de Local y luego redactor jefe del prestigioso diario.

Lo olvidé: querido Tomas, has sido un ejemplo raro de independencia periodística y de rectitud profesional. Ahora disfruta de tu “Lunes al sol”, brillante colega. Nos gustaría reaccionar como hizo Rudyard Kipling, escribiendo a un periódico que había publicado accidentalmente un anuncio de su muerte: “Acabo de leer que estoy muerto. No olvides borrarme de tu lista de suscriptores”. Pero a veces las noticias también son duras y dolorosas y ruidosas como si arriba se estuvieran mudando.

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