Si las sanciones contra los rusos hubieran sido “inflexibles”, los puertos ucranianos nunca habrían sido reabiertos. Veinte millones de toneladas de trigo saldrán – bombas permitiendo, como las de Odessa – haciendo ganar más dinero a Rusia, en fertilizantes en primer lugar. Las amenazas de Putin funcionan para una Europa debilitada.

La reapertura del Nord Stream, que trae gas a Occidente, es otra prueba de ello, después de una parada que duró más de una semana. Los ucranianos, que piden apoyo a Europa sabiendo que habrá límites en esto y haciendo inevitable una futura derrota, están en el medio, impotentes.

Sobre las bombas en el puerto de Odessa un día después de los acuerdos “es básicamente como si Vladimir Putin hubiera escupido en la cara al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, y al Presidente turco, Recep Yayyip Erdogan”, subraya Oleg Nikolenko, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, pero saben que los negocios pueden más que sus reclamos.

Mientras tanto, los rusos, que desbloqueando el acuerdo después de largas negociaciones se erigen (falsamente) ahora como paladines de la lucha contra el hambre en el mundo, harán una gira por África: apoyo a la invasión en Ucrania contra suministro de alimentos. Un juego muy simple, que corre el riesgo de tener éxito.

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