El extraño pero eficaz eje Sevilla-Valencia

Silenciosamente, por ahora. Más ruidosamente dentro de poco, cuando llegue el momento. Pero siempre en el estilo de los dos actores principales, Juan Manuel Moreno y Ximo Puig, presidentes de la Junta de Andalucía y de la Generalitat Valenciana. Los verdaderos protagonistas de estos días, en tema de autonomías, son ellos, no es Puigdemont ni, al menos por ahora, la mesa de diálogo que intentan mantener Gobierno y Cataluña con la esperanza de seguir adelante con ideas diferentes. 

El popular Moreno y el socialista Puig actúan como deben hacer buenos administradores: se encuentran a pesar de las diferencias ideológicas y políticas, hablan de cómo hacer comprender al Gobierno que así estructurada la financiación autonómica no tiene un gran futuro, hacen una alianza eficaz para hacerse sentir claro y limpio en Moncloa. No es el “frentismo” del que habla la ministra Calvino, nada más. Es el deseo de ser claros, cambiar un sistema, el de las autonomías en relación con el poder central (partidos incluidos) debilitado, contrarrestar en este campo vital para los ciudadanos andaluces y valencianos la demagogia y el instinto de hacer aún más violento el debate político por parte de aquellos, las alas extremas y vacías, que de un enfrentamiento radical sólo tienen que ganar. 

Moreno y Puig ya han conquistado su lugar al sol y, queremos subrayarlo, la admiración de quienes no ven la política como terreno para vomitar insultos y empujar ideologías que pertenecen a la prehistoria. Es un intento práctico e innovador en una España que de nuevo tiene poco. Los contenidos deben ser compartidos y poner de relieve la gran desigualdad entre lo que se da a algunas autonomías en detrimento de otras es un gesto inteligente y destinado a tener resultados.

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