El juguete se ha roto. Afortunadamente, la Champions está (casi) asegurada

Las preguntas que nos hicimos hace unos días son aún más actuales después de la actuación de anoche con el Mallorca. Este equipo parece tener un bloqueo mental que le impide jugar como puede. Algo fuertemente interno – falta de motivación y tal vez incluso de esquemas – que no se cura, al menos por ahora. Por suerte, tenía un equipo delante que el Granada había humillado hace siete días con seis goles, y por suerte solo quedan dos partidos. Necesitamos un punto, o en Madrid con el Atlético o en el Sánchez-Pizjuán con el Bilbao el 22 de mayo.

Por supuesto, tener que hacer ciertos discursos después de haber creído que podía ganar el título de la Liga es bastante desconcertante. Pero los 33.000 espectadores de ayer y los cientos de miles que siguieron el partido en la televisión no pueden (y no deben) conformarse ni con una sola ocasión para marcar (la de Rafa Mir al principio) ni con las explicaciones oficiales, y es que estas prestaciones son fruto de una ansiedad que bloquea todo. “Que la gente esté enfadada con su entrenador es lógico” dijo al final del partido Lopetegui, sin añadir nada más.

Papu Gómez también ha remarcado que “la confinaza no es la máxima”. ¿Pero cómo poner todo en pie? Está claro que, una vez terminada la temporada y conseguido el puesto Champions, único objetivo alcanzado en la temporada, ciertamente no despreciable, habrá que sentarse a una mesa y empezar a sacar malestares e ideas para el futuro.

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