El martes me van a arrestar

La primera vez, el 6 de enero de hace dos años, le salió mal. Sus fans, alguien disfrazado alguien no, habían dado el asalto al Capitolio americano, tratando de borrar “en el campo” el resultado desfavorable de las elecciones.

Gritar a la conspiración siempre ha sido un movimiento político ganador (todos lo hacen, incluso nosotros) y así Donald Trump nos ha vuelto a intentar desde su plana red social privada, Truth (Verdad): “El martes me arrestarán, protestarán, recuperarán la nación”.

Cómo recuperarla, sus admiradores ya lo saben o lo han intuido. Para un país supuestamente democrático como los Estados Unidos, es un claro desafío al poder: nadie puede imaginar las consecuencias. Y todo esto por un pago negro a una estrella porno llamada Tormenta, Stormy Daniels, para mantenerla callada sobre su breve relación, justo antes de las presidenciales de 2016.

La proclamación de Trump no es inédita. Las protestas – o quizás algo más – deberían ser dirigidas contra “la oficina de un fiscal corrupto y altamente politizado de Manhattan” que quiere llevarlo a juicio” por el asunto. “Cuento de hadas viejo y completamente desmontado” dice el tyccon. Mientras tanto, se prepara para la rutina habitual: una vez acusado, será fichado y liberado, como en una película para uso y consumo de sus fans. La atmósfera se calienta. Esta vez, como sucedió hace unos años, Trump no se arriesga a ser destituido por incitar a la insurrección (fue absuelto).

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