El retiro calculado y el deseo de llevar a casa a Moscú un resultado

Está claro, como confirmó ayer el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, que Putin retiró las tropas al norte de Kiev (renunciando por ahora a su deseo original de tomar la capital y establecer un gobierno a su imagen) para centrarse en la conquista de Donbass, el primer objetivo de su “imaginativa” campaña militar. Habiendo tomado nota de esto, dos consideraciones siguen: la primera es que Putin quiere llevar a casa rápidamente un resultado (que no se ve por ahora) y esto coincide con la “suya” fecha de fin de guerra, al menos la primera fase, fijada para principios de mayo. La segunda es que cuando terminen los dos o tres primeros meses de conflicto, incluso sentados en una mesa de negociaciones, la amenaza rusa seguirá siendo la misma. Es difícil que el hombre fuerte de la Gran Rusia que imaginó se contente con pequeños resultados.

Mientras siguen siendo descubiertas las masacres siguiendo el modelo del de Bucha (ejecuciones sumarias, violencia de todo tipo contra civiles, violaciones), desde ayer Rusia está fuera del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, aunque el voto en contra de China y la abstención de la India prefiguran la geopolítica futura que hemos imaginado en estas semanas.

El presidente estadounidense Joe Biden dijo que es “un paso significativo de la comunidad internacional para demostrar aún más cómo la guerra de Putin convirtió a Rusia en un paria internacional”. Pero cree que quizás es hora de acelerar las sanciones a los rusos y de enviar armas “reales” a los ucranianos, más de lo que se ha hecho hasta ahora. El Parlamento Europeo quiere aplicar el embargo “total e inmediato” a la energía rusa, ya sea carbón o petróleo o, sobre todo, gas. Ya veremos, es un tema difícil, y no será la reunión de hoy entre Ursula von der Leyen y el presidente ucraniano Zelensky la que resuelva por completo el problema.

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