En el día de Mañueco (y Vox), la incógnita de que hará Feijóo

No quisiéramos ser el nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en estas horas invitado a ser el ceremoniero del lanzamiento del nuevo Gobierno Popular-Vox en Castilla y León. El gallego es tirado por la chaqueta por todas partes: por Isabel Ayuso, que no deja de confirmar que en los acuerdos con la extrema derecha no ve nada de malo; por Abascal y los suyos, que lo presionan y aún más lo harán cuando se trate, también a nivel local, de hablar de Memoria histórica o violencia de género.

Feijoo a juicio de quien lo conoce bien es hombre moderado y muchos votos quiere tomarlos y recuperarlos justo en el centro, pero está obligado cada vez – y está al mando de Génova desde hace pocas semanas – a hacer las distinciones porque dos cosas están claras: la primera es que no puede romper con Vox con el Gobierno conjunto de Castilla y León y las próximas elecciones andaluzas, verdadero barómetro de la política española, al menos no ahora y en estas circunstancias; la segunda es que no puede permitirse que Vox le haga la agenda porque de esta manera su formación perdería inevitablemente apoyo.

Entonces, ¿qué hacer? No se entendió muy bien. Hoy en Castilla el presidente Alfonso Fernández Mañueco dará a los hombres de Abascal una vicepresidencia y las consejerías de Industria y Empleo, Cultura y Turismo y Agricultura. Feijóo se mantendrá políticamente a un lado, después de bendecir el pacto, pero para desencadenar una revuelta dentro de su partido. Sabrá salir de él. La conversación del otro día con el Presidente del Goberno, Pedro Sánchez, a pesar de no haber producido resultados concretos, fue la de dos personas que se respetan, poco propensas a los insultos.

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