Hasta las estatuas dan miedo

Todos recuerdan, entre las destruidas, la de Saddam Hussein que cayó – los pies aún unidos al pedestal – cuando el pueblo se rebeló contra el dictador. Las estatuas son incómodas: recuerdan lo que no se debe recordar, honran lo que aún divide. ¿Qué pasa entonces? Claro que no son estos monumentos los que deben dar miedo. En Madrid, una estatua de un soldado de la Legión con la bayoneta, recién hecha, ya despierta polémica. Debe ser erigida en Plaza de Oriente, lugar símbolo de algún nostálgico. Fue hecha por el artista Salvador Amaya , el ordenante es la Fundación del Museo del Ejército español.

El hecho de que sea de la Legión, que la Historia recuerda bien no para ser un cuerpo “blando” es más, no ayuda: el famoso Tercio de Extranjeros, fundado a modo de la legión extranjera francesa, es franquista, se sabe. ¿Quién no recuerda la masacre de Badajoz? Y así, antes de izarla, estallaron las contestaciones de tantos historiadores que vieron en la acción una apología del régimen. ¿Pero pueden asustar las estatuas? La Ley de memoria histórica impide afortunadamente ciertas nostalgias. Pero para cada obra, ¿hay que discutirlo? ¿Y por qué no hablar entonces del valor artístico? La Belleza, sólo esa nos salvará.

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