La absurda ley del autogol

No creemos en la ingenuidad (en el caso, fuera de lo común) de Alberto Garzón: un ministro del Consumo no puede hablar en contra de sus intereses y, además, a un diario extranjero e importante como “The Guardian”. Está claro que quien quiera podrá aprovecharse de sus palabras como y cuando quiera y ofrecer una imagen distorsionada de España y nada productiva. Mostró el costado, el ministro, y pensamos que las razones son las demandas de su parte política, es decir Podemos, que de las luchas contra el sistema hizo su bandera.

Las palabras de Garzón contra los grandes criaderos no son las peores del mundo, especialmente en la distinción entre ganadería industrial y extensiva: “Estos últimos son sostenibles y tienen mucho peso en algunas regiones de España, como Asturias, Castilla y León y también Andalucía y Extremadura… Lo que no es totalmente sostenible son las llamadas macrogranjas… Toman un lugar de España despoblada, y les lleva 5 o 10 mil cabezas de ganado, contaminan los terrenos y el agua y luego se exporta… Es una carne de peor calidad, es maltrato de animales y es un enorme impacto ecológico”.

Palabras que también pueden ser compartidas, pero no felices porque se prestan a instrumentalizaciones evidentes. Resultado: todos piden su dimisiónes por estas declaraciones. Un poco, tal vez mucho, Garzón se lo merece porque ¿cómo puede uno ir tan claramente en contra de su economía? Un gran error de perspectiva, que es lo mismo del “comer menos carne”, concepto lícito y aceptable, pero contraproducente. También entendemos que a Garzón no le gusta la realpolitik.

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