Acuerdos respetados o no, es una tormenta sobre el Convenio de Albufeira firmado hace 24 años. España y Portugal necesitan agua, en tiempos de grandes sequías, y ese recordatorio que regula los flujos hídricos, que entró en vigor en el año 2000, podría ser ya antiguo.

La batalla del Duero o Duero (así lo llaman los portugueses), así la han apodado los periódicos, porque está ahí – y después será el turno del Tajo – que los agricultores ibéricos de las provincias de León, Zamora y Salamanca han protestado. “En tiempos de sequía, ya no tenemos la obligación de abrir las presas”, dijeron y el Ministerio español de Transición Ecológica los ha apoyado.

Es probable que al final se llegue a otro acuerdo, bastante obvio: la reducción de los flujos respecto a los previstos.

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