El famoso día en que todo el mundo descubrió la existencia de la mano de Dios, el enviado a la tierra del Todopoderoso marcó un gol a los ingleses de rarísima belleza. El baile irresistible con lo que Diego Armando Maradona ponía de rodillas y humillaba en México a los súbditos de Su Majestad, “vengando” incluso la trágica historia de las Malvinas (era 1986, luego los albicelestes ganaron el título) se considera con razón el mejor gol de la historia del fútbol. Pues bien, sin duda alguna en los diez primeros de la Belleza se debe poner la obra maestra que ha querido donar a los aficionados del fútbol Sergio Canales. 

Contra el Granada el betico descartó el primer a centro campo, se libró de todos los adversarios, inútiles obstáculos entre él y la Historia, cortó el campo como un cuchillo hace con la mantequilla, bola siempre pegada al pie y luego con una diagonal burló el último defensa, inútil también él, y el portero. Luego, sabiendo que ahora está en compañía de los grandes – también porque se inventó de la nada algo que nadie, en aquel momento del partido, esperaba -, besó el escudo, porque la pertenencia de Canales al Betis es indiscutible. 

Sergio está ahora en compañía de Marco Van Basten (goles en Holanda-Unión Soviética de 1988), de Cristiano Ronaldo (con la camiseta merengue a la Juventus en Turín), de Pelè (en el gol de la final mundial de 1958 contra Suecia) y sobre todo del Pibe de Oro, a quien obviamente se inspiró para darnos esta alegría.

La de Sergio es la acción que todos los centrocampistas del mundo querrían hacer y quizás no lo hagan en toda su carrera. Todo esto para decir que a veces subestimamos la Gran Belleza que quizás tenemos delante, a pocos metros, y que se revela repentinamente, sin previo aviso. Pero un gol así se hace cada 30 años.

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