Una victoria que certifica el crecimiento irreversible del club verdiblanco

El jovencito indisciplinado ha crecido, se ha puesto una corbata y ahora habla con todos, incluso con los mayores. Incluso con aquellos que no lo habían tenido en cuenta hasta ahora. Mérito de su padre, Manuel Pellegrini, alma chilena y corazón verdinegro, que ha sabido educar a este Betis, hoy invitado principal en las casas de la alta sociedad. El crecimiento, sobre todo a nivel mental, de la formación sevillana, su control casi perfecto de las emociones, asusta a los rivales. Y anoche también hubo que poner bajo observación el tiempo que pasaba implacable. El Getafe había montado una defensa que hubiera encajado mejor en la época de Paco Martínez Soria que en la nuestra. 

Estos son los partidos en los que se ve al gran equipo, el que sabe esperar, no se desmoraliza, sigue jugando. Hasta hace poco, fallar un penalti -le ocurrió a uno de los mejores, Canales, como dijo Baggio en una ocasión “solo fallan los penaltis quienes tienen el valor de tirarlos”- hubiera apagado nuestras ambiciones y garantizado al rival de turno la conquista del Villamarín con un golpe de suerte en el último minuto. Ayer escuchamos el sonido lejano del trabajo minucioso y cotidiano, comprendimos que es solo cuestión de tiempo, de hacer aún más sólido el grupo construido por el experto sudamericano Manuel, que no necesita números para entender qué funciona y qué no. 

La lesión de Fekir en el minuto 12 (y la esperanza es que pueda recuperarse para el derbi del 14 de marzo), las ocasiones falladas por tonterías, el penalti tirado, habrían desunido a cualquiera. Pero los cambios y la mentalidad consiguieron la victoria en uno de los partidos más importantes del año y el Panda puso su sello en la madurez de la formación verdinegra. “Los árboles que crecen lentamente dan los mejores frutos”, decía Molière. Solo queda tener paciencia, disfrutar del sol de Sevilla y finalmente relajarse sin demasiado estrés.

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