Antes de que el mundo arda

De lo que parece ser el último intento de evitar una guerra se harán intérpretes Emmanuel Macron y Olaf Scholz, dispuestos a volar a Moscú para hablar con Putin. Como ha publicado el Washington Post y confirmado el Pentágono, los rusos también han puesto a punto la farsa para invadir Ucrania: un “pretexto” en definitiva para atacarla que serían falsas imágenes que se difundirían en la web de manera viral sobre presuntas víctimas civiles en Donbass. 

Según el plan, la consiguiente indignación de la opinión pública, nunca tan confusa como ahora, daría luz verde a los militares rusos. Mientras tanto, Putin se cubre las espaldas con el encuentro con su homólogo chino, el presidente Xi Jinping, que define “un buen amigo con las mismas opiniones sobre cómo afrontar los temas del mundo”. Todo en clave anti-americana, mientras que Joe Biden ha enviado dos mil militares estadounidenses a Europa, además de los ya preparados in situ, aunque, como ha dicho, ningún soldado será puesto directamente a disposición de Ucrania. 

Es la antesala de la guerra también en sentido mediático: la oficina de Moscú de la televisión Deutsche Welle fue cerrada por las autoridades rusas, al igual que los alemanes habían hecho con Rusia Today, conocido canal pro-Cremlino que transmite en alemán. En el fondo, las verdaderas preocupaciones europeas, que se refieren al gas y a las reservas de energía. La inflación por las nubes y una posible guerra paralizarían de hecho muchos sectores, como el del transporte y, por tanto, el del comercio, también online, y las familias europeas tendrían que vivir con costes altísimos que ya rozan el 40% de aumento.

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