¿Arrepentimiento sincero o “broma macabra”?

Ahora que se ha disuelto desde hace años, con aún muy visibles los signos de la destrucción que ha llevado por España como una tournee de la muerte, Eta, la organización terrorista vasca, pide disculpas a las víctimas. Lo hace en el décimo aniversario del “fin de las actividades”, es decir, desde que dejó de matar (continuó la lucha por el independentismo en otros lugares). Lo hace por boca del líder histórico Arnaldo Otegi y de Arkaitz Rodríguez, que se han declarado “sinceramente apenados” por las víctimas, un dolor “que nunca debería haber sido”, y la política como de costumbre se divide, por la derecha “una broma macabra” el de los dos, “un gesto importante” de reconciliación para izquierdas y Gobierno.

No es con dos palabras pronunciadas durante un trágico aniversario que España puede pacificarse, después de cincuenta años de violencia, 850 muertos, una querella política todavía abierta y quién sabe por cuánto tiempo. No es con las celebraciones que se crea el nuevo país, dividido por la mitad, casi diseccionado, y con la sensación de que aún no se han hecho las cuentas, o al menos no todos. Al primer gesto de redención, quizás, nos lo deseamos, seguirán otros, pero la credibilidad de Otegi y su grupo está ahora minada, aunque los caminos del Señor respecto a los arrepentimientos sean infinitos. “Por desgracia, lo que ha pasado no se puede remediar”, dijo el propio Otegi y tal vez esta es la verdad. Brindan Psoe y Podemos y, por supuesto, el partido de referencia Eh Bildu. El resto de España prefiere vivir con el sonido ensordecedor del luto.

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