“Aunque sea el día del fin y tengas una semilla en tus manos, plántala”

Desde el centro de gravedad permanente en el que supuestamente te encuentras, querido Franco, te rogamos que nos des una inspiración, alguna idea no banal, una solución para afrontar al Otro al que siempre has recurrido en tus canciones. Por los equilibristas en que nos hemos convertido, colgados en lo alto de ese hilo que sin embargo nos hace caminar y sentirnos vivos, esclavos del público y del ridículo, tememos que este año impresentable que te ha llevado y lanzado en algún “sistema solar” genere otro peor, a pesar, nos lo enseñaste, que “aunque sea el día del fin y tengas que tener una semilla en tus manos, plántala”.

Existe el riesgo, querido Battiato, de que el Otro no sea el impulso natural hacia aquella espiritualidad en cuya ausencia se ahogará el mundo, sino la pandemia, el sufrimiento, otras guerras. Una suma de sustracciones es lo que quiere el mundo enfermo, la negación del diálogo, y también infundir temores tan grandes que ya es difícil no edificar nuevos mundos, sino salir de casa. Es por eso que queremos recordarte, porque sólo tú una vez más puedes invitarnos a ser libres, a superar “las corrientes gravitacionales, el espacio y la luz” para no hacernos envejecer. El cuidado que salvará el mundo.

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