El río de la muerte en Irún

Mueren no cruzando el mar, sino el río que desde Irún los lleva a la tierra que piensan prometida, Francia. El domingo otro inmigrante ha terminado sus sueños entre las maléficas corrientes del río Bidasoa. “Es un fracaso colectivo de toda la sociedad” comentan las instituciones vascas, pero ¿cómo detener el fenómeno? Las varias mafias dejan aquí a estos pobres en busca del Eldorado. Nunca ha habido suerte más triste: no saben nadar. 

Puede que haya más de 4.000 apostados en estas tierras, tal vez usando las mareas bajas, pero todo el mundo sabe que es una mentira. El drama humanitario se consuma en el silencio de todos, excepto de quienes se enfrentan a esta emergencia cada día. De mayo a hoy son tres los inmigrantes que se ahogaron en el río. Quieren ir al norte de Europa, donde piensan que tienen una nueva vida por delante, pero en Irún no se puede cruzar la frontera. Pandemia y miedos hacen el resto. 

Cansados, quizás desnutridos, intentan ir a nado a la tierra prometida: no conocen las reglas del agua, pero sólo la de la desesperación, experimentan todas las incógnitas y los más desafortunados se ahogan. Pero revisar las riberas de diez kilómetros de río, hacen saber a las autoridades, es imposible.

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