La evolución de lo que debía ser para Putin solo una marcha triunfal hasta Kiev significa un conflicto cada vez más peligroso para todos. Después del hundimiento del “buque madre” ruso Moskva – al parecer por parte de las fuerzas ucranianas – ha llegado la noticia de que fuerzas especiales británicas han llegado a la capital para entrenar a los militares en el uso de las armas enviadas desde Londres a los ucranianos, especialmente los cohetes antitanque. Sería la primera participación directa de uno de los países de la OTAN en la guerra.

Porque, es bueno subrayarlo, nunca se ha estado en un momento crítico como este en el mes y más de conflicto: Suecia y Finlandia amenazadas por Putin para su próxima adhesión a la OTAN, masacres como los novecientos civiles ejecutados en los alrededores de Kiev, la ofensiva rusa que no se limita al este de Ucrania, a la conquista del Donbass. Zelensky repite que quiere armas de Occidente, dando a entender que la guerra contra los rusos se puede ganar. Sí, pero ¿cuál es el límite de lo que parece cada vez más la Tercera Guerra Mundial? Cuando Putin, acorralado y quizás en peligro en su propia casa, ¿elevará el listón? ¿Quizás usando las armas nucleares más pequeñas que tiene?

Hubo explosiones ayer y hoy también en la capital ucraniana, en el distrito de Darnytskyi y, al parecer, con víctimas civiles. En Mariupol, de donde llegan noticias de gente que muere de hambre, los combates siguen siendo feroces, así como en Charkiv, donde los bombardeos continúan. Los rusos están reposicionando las fuerzas para dar el ataque definitivo al Este: será una masacre. Y Estados Unidos entregará a Kiev en estas horas las nuevas armas, sin tener en cuenta las amenazas de “desarrollos imprevisibles” por parte de Putin. Cada vez más cerca del peor final.

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