La banalidad del mal

¿A qué inmensidad de odio puede llegar un ser humano – o lo que queda de él – si para hacer daño a su ex pareja, a la que un día amó perdidamente, exhibe el cuerpo de las hijas recién asesinadas? ¿A qué perversidad puede llegar, en silencio, día tras día, la mente de un hombre cuyo único objetivo es provocar el dolor más grande y absoluto a aquella con la que compartió parte de su vida? Sin embargo, Tomás Gimeno debía saber que la venganza es como un cuchillo que “cuanto más lo afilas, más se oxida. Y cuanto más se oxida, más lo afila” y al final sólo queda “con un puño de óxido”.

Y ese óxido del tiempo son hoy los cuerpos de las dos pobres niñas de Tenerife, la primera, Olivia, encontrada dentro de una bolsa deportiva a un kilómetro de profundidad, muerta por un edema agudo de pulmón, asesinada. El cuerpo de la hermanita Anna aún no ha sido encontrado, pero casi seguro que también lo ha sido. Y si no fuera por el robot de un barco, los cadáveres habrían pasado la eternidad ahí abajo, como dos zapatos viejos, dos objetos perdidos y sin sentido. Sí, porque el único pensamiento verdadero de Gimeno fue hacer sentir miedo a Beatriz, a su ex compañera, el terror de no saber – para siempre – qué pasó con las hijas. ” No volverás a verlas” le prometió lo que hoy es un monstruo y hasta ayer un padre quizás cariñoso.

En las manifestaciones que se siguen para los crímenes machistas de estos días (en Estepa una joven de 17 años, una hija de 4 meses, fue descuartizada por el compañero y padre de la niña) alguien comentó que “estos hombres no están locos ni enfermos, son hijos sanos del patriarcado”. Puede ser, pero aquí ya no se habla de mandar y herir y golpear hasta la muerte, sino de tener el único objetivo de provocar al otro, a Beatriz precisamente en este caso, un dolor inhumano, único, definitivo.

Planear durante mucho tiempo, matar en su casa de Igueste de Candelaria, poner a sus hijas en una manta y luego en bolsas deportivas, pasar por la casa de sus padres para dejar algunas cosas con en el maletero las dos pequeñas dentro. ¿A dónde puede llegar el odio de un hombre? ¿Hasta dónde es capaz el ser humano de llegar para golpear a muerte al otro, pero con cuidado de no dejarlo morir, donde el dolor alcanza su punto culminante?

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