¿La Italia del fútbol? Es como el país. En declive

¿Qué éxito deben esperar los italianos mañana, cuando la elección será entre un Draghi bis y una crisis en la oscuridad cuyo origen nadie entiende? Mario se cansó y quiere volver a esa Europa que aquí lo envió, como los romanos enviaban procónsules a las provincias más remotas del Imperio.

Pero Draghi era la última esperanza de un país ya roto, en el que un Movimiento Cinco Estrellas, fuerte solo de su núcleo duro (el resto se ha disuelto) de pocos votos pero muchos parlamentarios (no se vota desde los tiempos del Imperio Romano), puede dar jaque mate a un país por una absurda lucha (personal) de poder. Te tiraré yo. No, caes tú. Ten cuidado que recuerdo lo que me hiciste. Ten cuidado tú. Y Italia es rehén de estaos personajes.

Entonces la gente, agotada por los costes exorbitantes de todo y por el calor tropical de estos días, busca refugio en el deporte. En el fútbol, como es tradicional, quizás femenino porque en estos días se está jugando el Europeo. Es un espectáculo ver a las chicas de todo el continente exhibirse en sutilezas técnicas, organizarse en el campo con tácticas que nada tienen que envidiar al fútbol masculino. Un soplo de frescura.

Luego Italia sale al campo. Saca cinco de Francia, apenas empata con Islandia y pierde anoche contra Bélgica. Las otras son más fuertes. Pero la selección femenina es como el país, en crisis de identidad: corren, no se sabe dónde, hacen la misma acción millones de veces, faltan en esa pizca de maldad que es decisiva en el deporte. En resumen, no tienen ganas de ganar. Al igual que nuestros políticos. Bueno, en Italia ya no se juega para ganar y llevar a casa un resultado. Quizás todos creen que se puede vivir, como monumentos vivientes, sobre las glorias (pocas) del pasado.

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