La palabra mágica Midcat

La política, como se sabe, decide los planes de viaje del gas. Esto sucede con la invasión rusa a Ucrania, que ha obligado a los países europeos a buscar otras fuentes de abastecimiento energético, y, en lo que se refiere a España, con Argelia, que no debe haber disfrutado demasiado la reciente posición del Gobierno de Sánchez en el reconocimiento del Sáhara Occidental. En busca de nuevas carreteras, ha reaparecido el proyecto del Midcat (detenido desde hace tres años, que habría ampliado el conocido Medgaz procedente del país africano y que lleva el gas desde Almería hasta Hostalric, cerca de Girona).

Un gasoducto que uniría España y Francia y que duplicaría el flujo de gas entre los dos países, pero no solo. Del proyecto se beneficiarían en toda Europa, junto quizás con un “puente naval” (proyecto Snam) del que se ha hablado en estas horas para transportar gas de España a Italia con transportes desde el puerto de Barcelona, que tiene el regasificador más grande del Mediterráneo, a la de La Spezia (la planta italiana está después en Panigaglia).

España, isla energética ejemplo para toda Europa? Se puede, porque hace muchos años que el país ibérico ha apostado por los regasificadores, más que los demás. “España puede desempeñar un importante papel en el suministro energético de Europa”, subrayó recientemente la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El Midcat, una palabra que es la síntesis entre el Midi francés y Cataluña, ha sido un proyecto, hasta hace poco, de la española Enagás y la francesa Teréga, pero París – quizás también por las presiones de quien produce la energía nuclear – siempre ha sido poco entusiasta.

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