Líbano también arde. Oriente Medio es un polvorín. Y el gobierno israelí está dividido

En la frontera entre Israel y el Líbano, los pueblos, por un lado y por otro, ya están evacuados. Demasiada tensión, demasiadas bombas. Hezbolá quiere ampliar el conflicto – es lo que Hamás ha estado apostando desde el día de los ataques – y hoy nadie sabe si todo el mundo árabe estará en llamas pronto.

Es cierto que el frente libanés está abierto y la alerta en Israel sigue siendo altísima, también porque ha surgido algún malhumor dentro del Gobierno, tanto sobre las responsabilidades sobre los hechos de sangre del 7 de octubre que originaron el conflicto como sobre la gestión en el campo de la guerra. Tres ministros estarían dispuestos a dimitir para obligar al primer ministro Netanyahu a dimitir.

Mientras Hamás ha liberado a dos rehenes, de los 222 en total, finalmente llegan los primeros camiones de ayuda a la Franja de Gaza martirizada por 5.000 muertos en pocos días. Se necesitarían cien al día y solo son veinte. Sobre todo, se necesitaría combustible para los hospitales, además de agua, medicamentos y alimentos, pero los israelíes bloquean los suministros energéticos por temor a que Hamás los utilice para fines bélicos.

Un millón y 400 mil son los desplazados y quizás en Gaza haya quedado un millón de personas que sufren las penas del infierno. Rehenes de Hamas y del asedio del Estado judío, tienen muy pocas esperanzas de salvación. Mientras tanto, los Estados Unidos han sugerido a Israel que posponga la invasión terrestre de Gaza para que el mediador Qatar pueda avanzar. Es un stand-by sin fin con los americanos todavía protagonistas: no quieren entrar en otra guerra sin fin.

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