Los ideales culturales del Centro Europa y las Primaveras acabadas en sangre. Kundera acusa a Occidente

Occidente ha sido testigo inerte de los hechos sangrientos en los países de Europa Central (Hungría y Checoslovaquia en primer lugar) cuando éstos tuvieron que liberarse del yugo soviético. La acusación, feroz y sincera, como son claros los argumentos, es de Milan Kundera, de quien Adelphi vuelve a publicar “Un Occidente prisionero”, un lúcido análisis de aquella amplia década y tan actual con las atrocidades perpetradas en el ataque de Rusia a Ucrania.

No fue Occidente quien nos salvó, sostiene el escritor, sino “la memoria cultural como la producción contemporánea” que “desempeñaron un papel decisivo, como nunca antes en ninguna revuelta europea” (por ejemplo, el Círculo Petofi en Budapest antes del levantamiento popular de 1956), filósofos.

La Primavera de Praga también fue esto. Siguió un año la carta abierta de Solženicyn sobre la censura soviética. “La supervivencia de un pueblo depende de la fuerza de sus valores culturales”, dice Kundera. Una visión centroeuropea que hace justicia a esos años difíciles.

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