Hace cuarenta años, en España

Todo comenzó el 14 de junio de hace 40 años en Vigo. Una Italia muy deprimida, sacudida por polémicas de todo tipo, salió al campo en Vigo contra Polonia. Todos se oponen al comisario técnico Enzo Bearzot. Trajo a España a un jugador que acababa de volver a la escena después de una condena ligada al fútbol de apuestas, Paolo Rossi, dejando en casa al bomber que todos querían, Roberto Pruzzo. En realidad, el friulano ni siquiera convoca a Evaristo Beccalossi, el talento lleno de fantasía que enciende los sueños de los aficionados.

En Galicia, un cero a cero somnoliento, ese 14 de junio, habla de malos presagios. Incluso los dos partidos posteriores corren el riesgo de poner en peligro las coronarias de los aficionados: otros dos empates, ni siquiera demasiado merecidos, con Perú y Camerún. Italia solo califica por la diferencia de goles. Hoy que son dos Mundiales en los que no participamos, tal vez seríamos más comprensivos. Entonces, la contestación se hace ardiente.

Hasta que… explota en todo su talento el muchacho de Vicenza, Paolo Rossi, recientemente fallecido. Los chicos de Bearzot van a jugar con Argentina y Brasil. Los periódicos ya han publicado sobre la eliminación de los Azzurri, pero aquí es donde ocurre el milagro. Silencio de prensa decretado y el grupito se convierte en un equipo invencible, con un poco de suerte que nunca falla.

Italia ganó primero con la Argentina de Maradona por 2-1 y Brasil fue eliminado con un ‘hat-trick’ de Rossi. Todo el país cambia de bandera (no es la primera vez) aplaudiendo al equipo. En las semifinales, el obstáculo Polonia está ampliamente superado (2-0) y no puede asustar la final con Alemania, que bien o mal siempre hemos ganado. Tres a uno final, el grito de Tradelli en el segundo gol que queda en la Historia, país pactado al Bernabéu el 11 de julio del 82, un título al final merecido. Hoy recordamos esto porque el presente es mejor olvidarlo.

Share:

Facebook
Twitter
Pinterest
LinkedIn
On Key

Related Posts

El éxodo anunciado

Huyen a Georgia o Finlandia. Largas colas de ciudadanos rusos que abandonan el país para evitar el reclutamiento forzado decidido por Putin. El presidente ruso