Sí, la soberbia y el odio son pecados más graves que los de la carne

Que se resignen los intolerantes. La templanza no es la máxima de las virtudes, lo decía ya Santo Tomás de Aquino. En este castillo de cartas que es la modernidad anteponemos la forma, es decir, el pecado visible, a la sustancia, que es pensar en los demás y a una justicia social que precisamente los intolerantes de arriba quieren eliminar. ¿El peor pecado es el carnal? ¿O más bien el odio a Dios y a los hombres, a la Belleza y al Amor? Es la oscuridad a la que Shakespeare se rebela en el “Romeo y Julieta”: “Ama, ama locamente, ama tanto como puedas y si te dicen que es pecado, ama tu pecado y serás inocente”.

Si el Papa subraya, una vez más, que la soberbia y el odio son más graves que los pecados de la carne, es porque tiene bien en mente lo que destruye desde dentro nuestra casa común. En la Divina Comedia Dante explica como nobleza, arte y política pueden ser portadores de soberbia innecessaria: Omberto Aldobrandeschi, Oderisi da Gubbio y Provenzano Salvani, obligados a caminar curvados bajo el peso de enormes rocas en el purgatorio, una vez habían sido poderosísimos. La soberbia es “alejarse de Dios y convertirse a sí” como dice Agustín en el “De Civitate Dei”, una única voz sin contradicción.

Claro que no hay una clasificación de pecados, pero ¿cómo no darse cuenta de que es precisamente esta falta total de humildad la que está ahogando el mundo? ¿Cómo no saber ya hoy que “calidad” en este circo cotidiano son el desprecio del otro y de quienes “valen menos” o “tienen menos”? Hace bien el Papa en decirlo: todos somos pecadores, pero lo es más quien lo es espiritualmente. Porque “el verdadero artista no tiene ninguna soberbia: por desgracia él ve que el arte no tiene límites. Obscuramente siente cuán lejos está de la meta, y tal vez, mientras es admirado por los demás, en sí mismo se estremece de no haber llegado aún a donde su mejor genio le resplandece delante como un sol, lejano”. Lo escribió Beethoven, un pecador, “como yo, como Pedro”, destacó el Papa. 

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