Se juega demasiado, lo decimos desde hace tiempo. Sevilla-Barcelona es un partido que habría merecido equipos completos y menos cansados. Pero está bien porque, a nuestro juicio, el punto conquistado por los hombres de Lopetegui vale oro. El Barca, es evidente a todos, está volviendo el de antes después de los cuidados de Xavi: encuentrarlo ahora ha sido una ventaja. Así como haber llevado a casa un punto fundamental en la lucha por el título, después del inesperado empate de Madrid con el Cádiz y la increíble expulsión de Koundè cuando aún faltaba un tiempo para jugar.

Este Sevilla es sólido y no traiciona. Tiene el carácter de su entrenador y la fuerza del ambiente sevillista y sabemos que podemos confiar en él. Sabe cómo enfrentarse a cada equipo y ponerlo en dificultad. Tal vez sea poco espectacular en algunos momentos, pero así es como se ganan los trofeos. No fue fácil ayer. Si lo hubiéramos conocido hace unas semanas, después del gol de Papu el Barcelona se habría derretido, con todos esos chicos en el campo, como nieve bajo el sol. Esta vez continuaron jugando, como quiere Xavi. El poste de Dembelé es un signo de la gracia. Hay cinco puntos de distancia de los merengues. Nada, siempre que no se juegue todo el año cada tres días: hay quien, entre los contendientes, está más acostumbrado, desde hace décadas.

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