Carlsen, el hombre que vino del hielo, ya no tiene oponentes. El ajedrez es cosa suya

Para Nepomniachtchi ha sido como jugar el Mundial de ajedrez sobre un fiordo, al aire libre. Toda la helada que han emitido durante once partidos los ojos y los gestos de Magnus Carlsen han abrumado al campeón ruso: cuatro victorias del noruego y siete empates, un desafío que nunca ha comenzado. En la Expo de Dubai se realizó un espectáculo que, a pesar de la ilusión de los cinco empates iniciales, todos sabían cómo terminaría. 

Demasiado emocional el ruso, glacial y sin margen de error el noruego. Nepomniachtchi ha coleccionado una serie impresionante de descuidos, se ha levantado a menudo de la silla, ha manifestado nerviosismo y tic, demasiado – delante de un campeón que está en la cima del mundo desde 2013 y ya se pronota a ser uno de los más longevos de siempre. El punto de inflexión del Mundial ha sido en el partido más largo de la historia del ajedrez, el sexto, en el que sólo un detalle a su favor pudo premiar a Carlsen. Y allí se cerró el campeonato. 

“Ser campeón del mundo se ha convertido en una parte de mi identidad. En realidad, lo que me importa no es el título, sino que lo tenga otro. No siento ningún tipo de lástima por mis rivales” comentó antes de la final Carlsen, que como todos los genes del intelecto fue un alumno rebelde, pero ya maestro de ajedrez a los 13 años. A esa edad ya había derrotado, en un torneo amistoso de partido rápido, al maestro y campeón del mundo Karpov. A los 22 años ganó su primer Mundial. Ahora, famoso, rico y buscado por las casas de moda y de lujo de todo el mundo, busca rivales para el 2023.

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