Desastre humanitario sin fin

“Parece que quien gobierna la suerte de los pueblos aún no ha recibido la lección del siglo XX… Parece que el mundo sigue siendo gobernado según criterios obsoletos”, ha gritado al mundo Papa Francisco en estas horas. Palabras que se suman a las del ministro de Finanzas alemán, Christian Lindnder, que además de pedir “la máxima presión sobre Putin y una Rusia aislada política, financiera y económicamente”, teme un endurecimiento de las sanciones que sí afectan a Moscú (el país está en riesgo de default a corto plazo), pero no sirven para detener la guerra.

El conflicto es cada vez más horrible y, parece, inevitable. Nadie detiene – porque tiene miedo o porque no quiere – las atrocidades. En Mariupol, reducida ya a un montón de escombros, se ha desbloqueado finalmente el corredor humanitario para la evacuación de los civiles: ha podido escapar quien ha permanecido vivo, pocos, después de los bombardeos y el hambre y sed padecidas.

Continúan las conversaciones. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, ha señalado que son “difíciles”, pero se ha abierto quizás una pequeña posibilidad. Los rusos ya han asediado todas las ciudades principales, incluyendo Kiev, y esperan que el tiempo para jugar a su favor: faltan los géneros de primera necesidad, es una catástrofe humanitaria. Se prevén siete millones de refugiados en huida hacia Europa.

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