Investigar la Síndone de Turín con metodología científica, ¿sí o no?

Alfonso Sánchez Hermosilla, Médico Forense – Si prescindimos de la época histórica exacta en que se cultivó el lino con el que se tejió este objeto arqueológico, y también del momento histórico en que se utilizó por primera vez, los resultados de su investigación desde la frialdad y el desapasionamiento de la metodología científica, no deja indiferente a ningún investigador que sea capaz de aislarse de prejuicios e ideas preconcebidas.

Es interesante desde la óptica de cualquier rama de la Ciencia, y desde luego, desde mi perspectiva personal como Médico Forense y como Paleopatólogo, la convierte en el objeto arqueológico más interesante que conozco, seguido muy de cerca por otro objeto: El Sudario de Oviedo, al que se hará mención en su momento.

La Síndone de Turín resulta, dadas sus características, difícil de investigar, toda vez que es un objeto antiguo de incalculable valor, científico, histórico, metafísico, y probablemente, también económico. Por lo tanto, la metodología que se utilice, debe ser mínimamente invasiva, o mejor aún, no invasiva, para no someter a un estrés innecesario al propio objeto y a la información que contiene, pero también, para no invalidar futuras investigaciones con métodos que los avances científicos pongan al alcance de los investigadores y que, en estos momentos, aún no somos capaces ni siquiera de imaginar.

Lo primero que me llamó la atención cuando inicié la investigación sobre la Síndone, es que, desde la perspectiva de la Medicina Legal y Forense, los hallazgos “son los que debían ser, y están donde deben estar”, aunque en una primera aproximación parezca que no es así, la reflexión, la investigación, y la experimentación, demuestran que las ideas preconcebidas eran inexactas y que “todo es como debería ser”. Un ejemplo, las marcas atribuidas a las lesiones ocasionadas por los clavos no están en las palmas de las manos, tal y como las imaginamos, y tal y como se han representado de forma abrumadoramente mayoritaria en las obras de arte que representan este tema a lo largo de toda la historia del Arte Sacro. Están donde deben estar, en la zona anatómica denominada Carpo, es decir, en lo que coloquialmente denominamos la muñeca, (o Il polso como se denomina en italiano). Permítame el amable lector hacer un pequeño recuerdo de lo que se nos enseñó en la escuela primaria:

  • Pregunta: ¿Cuáles son las partes de la mano?
  • Respuesta: Carpo, Metacarpo y Dedos.

Por lo tanto, ¡Oh sorpresa!, el Carpo es parte de la mano, y no del antebrazo.

Esto es sólo un ejemplo, la investigación científica de la Síndone no defrauda, a veces, con mucha frecuencia sorprende y descorazona, mostrando resultados inesperados que, en una primera aproximación parecen confirmar la hipótesis de que no es auténtica, que es un ingenioso artefacto realizado por manos humanos con quien sabe qué intenciones. Pero esos mismos resultados, algún tiempo después, resultan ser la piedra angular que demuestran todo lo contrario, si no estuviesen ahí, es cuando cabría pensar que se trata de una falsificación.

Otro hecho sorprendente es la imagen que muestra, conocida como “Imagen Sindónica”, fácilmente identificable con una figura humana, y que los escépticos definen como “una pintura”, sin molestarse en demostrar si esa afirmación es cierta o no. 

Las opiniones son libres, cada uno podemos tener la que nos parezca mejor. Pero los hechos son inamovibles, no basta con afirmar o negar algo, en el ámbito científico, hay que demostrarlo, con pruebas irrefutables, o con experimentos que lo confirmen o que lo nieguen. Y desde luego, hasta el momento, usando tecnología antigua o moderna, nadie ha sido capaz de reproducir la imagen de la Síndone con todas, si, CON TODAS sus características. La situación real es que, a fecha de hoy, nadie sabe con exactitud como se produjo, y tampoco nadie ha sido capaz de reproducirla, ni siquiera con los métodos más modernos.

De hecho, no se conoce otro objeto arqueológico de características similares, y tampoco objetos modernos, y todo ello, en ningún ámbito histórico, cultural o geográfico.

Por sí sola, la Síndone no deja de sorprender con nuevos datos científicos cada poco tiempo, pero, además, resulta que parece estar relacionada con otro objeto arqueológico denominado Sudario de Oviedo. 

La situación actual del proceso de investigación científica es el siguiente: El elevado número de concordancias Antropométricas y Médico-Forenses permite concluir que ambos objetos cubrieron el cadáver de la misma persona.

Ambos objetos poseen información concordante, pero también información complementaria, en el momento en que parte de esa información concreta sólo aparece en uno de estos objetos, pero su presencia condiciona otros hallazgos en el otro, y todo ello, de forma recíproca.

Algunos investigadores, muy optimistas, creen que dentro de no mucho tiempo, podrá darse por finalizada la investigación científica de la Síndone, yo no soy tan optimista, ¿Por qué? Pues porque un solo milímetro cuadrado del lienzo contiene información suficiente para mantener ocupadas a varias generaciones de investigadores usando sólo la tecnología disponible hoy en día, sin hablar de lo que nos traiga el futuro.

En estos momentos, el nivel de complejidad de la investigación es de tal envergadura que es absolutamente necesario, de hecho imprescindible, un equipo multidisciplinar de investigadores que incluyan la práctica totalidad de las ramas del saber humano. Una sola especialidad científica daría una visión absolutamente miope y fragmentaria de la realidad. Una realidad para la que no se percibe un horizonte final, un límite perceptible. Si la investigación científica de la Síndone tiene un final (no confundamos final con finalidad), más allá del cual sólo se encuentra la nada, está aún tan lejano que ni siquiera se intuye. (Foto, de derecha a izquierda: Alfonso Sánchez Hermosilla y Massimo Rogante, ambos miembros del Comité Científico del Centro Internacional de Estudios sobre la Sábana Santa)

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