La insana decisión de no dejar que los rusos jueguen en Wimbledon

Hay quienes han prohibido las obras de Dostoievski y quienes, sin saber que es la musa de los escritores americanos contemporáneos, creen que se puede prescindir de Chejov, al menos durante la guerra. Pero, ¿qué culpa tienen si su tierra está gobernada ahora por un hombre convencido de que puede volver a ensamblar el pasado, volver a los fastos de la antigua Unión Soviética, y por este íntimo deseo debe por tanto acumular millones de muertos? ¿Qué tiene que ver el gran Chejov con Putin? Y sobre todo, ¿sabe jugar al tenis?

Porque de ser así, la mala decisión de los organizadores de Wimbledon de excluir a los jugadores rusos del próximo torneo lo haría enojar aún más de lo que está en la vida normal: deprimido y con delirios de persecución. Pero enfurecidos también nosotros que no vemos lo que ha hecho Rublev, por ejemplo, un magnífico tenista que no ha dudado para oponerse a la guerra y a la invasión de Ucrania, arriesgándose a ser proscrito en la propia Rusia, para merecer la exclusión de la competición más importante del año. Y Daniil Medvedev, actual campeón del US Open y actual número dos del mundo ¿qué relación tiene con el dictador soviético? Es un artista del tenis, y por lo que sabemos, Putin no es ni un artista ni un apasionado del Gran Slam.

Afuera. De Wimbeldon y de otros torneos, pero no parece de Roma ni de París. Está bien para las selecciones de cada deporte (podrían ser el símbolo del país), pero los profesionales individuales de que son culpables? Si aplicamos el mismo principio a la Historia y no a nuestros días, se detendrá el Deporte en todo el mundo. Y a los artistas, que escriban (o juegen) en su casa.

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