Las guerras, las verdaderas y las internas, han cambiado la política española

Alberto Núñez Feijóo será presidente de un PP que habría tenido en sus manos el año próximo, en caso de que Casado no hubiera logrado en las elecciones un resultado “brillante”. Ha adelantado el calendario. Las recientes votaciones en Castilla y León, con un PP más bien contra las cuerdas, han acelerado el cambio en la cumbre del partido. El reciente enfrentamiento Ayuso-Casado, sobre el que hemos escrito ampliamente, sin embargo, no resuelve, con la defenestración del ya antiguo líder, las problemáticas políticas de la formación.

¿Con o sin Vox? ¿Cuáles serán las relaciones y las apariciones entre los dos partidos, uno probablemente moderado de centro-derecha y otro de extrema derecha? Feijóo quizás no es el socio exacto que el partido de Abascal hubiera deseado para iniciar las negociaciones. Una mano al nuevo líder gallego le da sin embargo la invasión rusa en Ucrania y las atrocidades que Putin está consumiendo allí. Vox es, en efecto, como gran parte de la extrema derecha europea, del italiano Salvini a la francesa Le Pen, en “buenas relaciones” con Moscú, por decirlo suavemente. A estas latitudes y convergencias siempre les han gustado las políticas autoritarias del ruso.

El nuevo líder de los Populares tiene una carta en la mano para hablar con los posibles aliados desde una posición paritaria, ahora que el PP tantos votos los ha perdido y tantos, al menos por ahora, los ha ganado Vox. ¿Creará él el famoso “cordón sanitario” para impedir que Vox gobierne en España, como se ha hecho en un pasado reciente también en Italia y Alemania? ¿O elegirá otro camino? El hecho es que la vocación moderada de Feijóo y la guerra en curso, que inevitablemente desplazará los equilibrios políticos incluso al nivel de cada uno de los Estados europeos, podría escribir una página distinta de la que hemos imaginado desde ahora.

Lo mismo puede decirse de la izquierda, donde desde hace tiempo la vicepresidenta Yolanda Díaz está recorriendo España para encontrar convergencias en su nuevo proyecto político. Un partido de izquierda tal vez que también recoge la herencia de Podemos, de los cuales casi todos dan por terminado el experimento político (los pocos votos recientemente tomados en Castilla y León lo atestiguarían). Y las condenas al ataque ruso no son las mismas, de hecho, entre Díaz y el partido de Iglesias. Esto abrirá una brecha y acelerará el proyecto de Yolanda.

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